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Cómo se crea una identidad corporativa

Hablar de la identidad corporativa de una determinada empresa o entidad es equivalente a hablar de la personalidad de un individuo. Se trata de la imagen que el conjunto de la sociedad percibe de ella, por lo que es una realidad que requiere ser cincelada con un alto grado de detalle y cuidado. Para ello, se llevan a cabo acciones (englobadas dentro del contexto de una estrategia) cuya finalidad es crear la imagen que más cuadra con los valores que nuestra empresa representa. Así pues, uno de los objetivos principales es fomentar la comunicación de la entidad tanto a nivel interno como externo, además de gestionarla de la forma más eficaz posible. En este post, descubriremos cuáles son los principales elementos a tener en cuenta a la hora de crear la identidad corporativa de nuestra empresa

Definición de los objetivos a corto, medio y largo plazo

El proceso de creación ha de partir de una hoja de ruta previamente diseñada y en la cual se contemplen las metas a lograr en diferentes plazos. Ésta ha de englobar, como mínimo, los siguientes aspectos:

Personalidad de la entidad y cultura corporativa

A este concepto se adscriben aspectos tales como la visión ética que la organización tiene sobre la actividad que desempeña y sobre otras que no están directamente relacionadas con ellas. Ella se traduce en un conjunto de actitudes que definen concretamente dicha visión y que buscan influir en la sociedad y, más concretamente, en aquellos segmentos de ella a los que se dirige la actividad empresarial.

Para ello, es primordial que todos los miembros y trabajadores de la empresa o institución desempeñen su labor bajo un mismo clima conductual, de manera que, las acciones colectivas sean percibidas externamente como dirigidas hacia un mismo fin y en una misma dirección. Con el tiempo, las interacciones con la sociedad irán dejando cada vez más patente la cultura corporativa, lo que hará que los individuos tengan el concepto deseado sobre la marca.

Coherencia

Se trata de uno de los valores más tenidos en cuenta en lo referente a las relaciones sociales y surge como producto inevitable de la correcta realización de lo anteriormente mencionado. Así pues, es vital, si pretendemos cimentar sólidamente nuestra identidad corporativa. Nadie deposita su confianza en quien no cumple con lo que predica. Por tanto, debe haber una absoluta correlación entre los valores adoptados y la conducta empresarial, en todos los aspectos.

Posicionamiento de la entidad

Todo esto tiene como objetivo lograr que la entidad se sitúe en un puesto reconocido dentro del panorama empresarial y geográfico en el cual se desenvuelva. Teniendo en cuenta que la saturación de los mercados globales es uno de los marcos en los cuales se desarrolla la actividad empresarial, es conveniente definir milimétricamente aquellos aspectos de nuestra labor (productos o servicios) que aporten un valor diferenciador respecto a los de la competencia. De esta manera, progresivamente, adquiriremos un grado de autoridad que nos afiance en el panorama empresarial.

Metodología

Ineludiblemente, para crear la identidad corporativa definida en términos ideológicos, hay que seguir un método limpio, eficaz y sin fisuras. Tengamos en cuenta que actuar a ciegas puede provocar consecuencias negativas e irreversibles. Veamos las 4 pautas básicas.

Análisis e investigación previa

Forman la primera fase práctica a llevar a cabo, en la cual se sientan las bases para desarrollar propiamente los objetivos ya prefijados. Para ello, se procede a recolectar todo tipo de información relacionada con la actividad previa de la empresa, así como de las distintas problemáticas que pueda tener. Las herramientas principales serán las entrevistas personales y auditorías. Además, la revisión de la estructura interna de la entidad ha de ser efectuada, puesto que siempre puede lograrse un grado mayor de eficiencia.

Concepción de los elementos identitarios

En esta segunda fase, entra en juego, en gran medida, la creatividad. Se trata, básicamente, de diseñar aquellos elementos que van a definir directamente la identidad corporativa. Estamos hablando del lenguaje empleado en las comunicaciones internas y externas, la simbología, las conductas colectivas, el uso de las tecnologías y el modelo de organización, entre otros aspectos clave.

Desarrollo e implementación

Una vez llegados a este punto, lo siguiente es comenzar a poner en práctica las ideas, siempre con mucha atención al feedback que pueda surgir para tener la capacidad de corregir los errores rápida y eficazmente.

Aplicación final

Una vez se logre la sintonía adecuada entre todos los aspectos de la nueva identidad corporativa, estaremos listos para lanzarnos, a bordo de ella, a las procelosas aguas empresariales. El paso del tiempo hará aparecer reacciones por parte de las diferentes audiencias, por lo que será necesario un constante ajuste de la identidad.

Si deseas saber en qué estado se halla tu empresa y qué podría hacerse para mejorarla, no dudes en contactar con Amundsen.  ¡Esperamos noticias tuyas!

 

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